
primero se fué.
antes de llegar a la pared
yo ya había pensado, por qué se fue?
acostumbrado a su pérdida me compré una palangana
para que nunca me notara las lágrimas.
ya era tarde y ella volvió,
antes de que me viera, yo ya la había olido
y no tuve que cambiar mi cuerpo porque ya estaba acostumbrado
la palanga me sirvió para plantar un tiesto de cardos bonitos
un beso a las raquetas.
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